Encuentros Episódicos del Jazz y las Músicas del Mundo
lunes, 10 de junio de 2013
DE LO OSCURO EN EL JAZZ (primera entrega)
Antes de concluir esta nota (antes incluso de digitar las primeras palabras) pensando y repensando una posible ruta para discurrir en el trasunto, es fácil darse cuenta de que el tema es gigantesco: la oscuridad en el jazz.
De inmediato es recurrente remitirse al controvertido Miles Davis y a ese período suyo de cortinas cerradas y salidas a la interminable madrugada, ocultándose del día para conducir sus autos deportivos, al borde del hastío y escalando por un enorme – terrorífico – apodo del que difícilmente pudo librarse en adelante: the Prince of Darkness, frente al cual incluso palidecería cualquier estrella del rock pesado.
Miles ganó su sobrenombre en 1967 alrededor de una pieza bautizada como “Sorcerer” (‘Hechicero’) incluida en el álbum homónimo, en el cual también se incluye otra que justamente se denomina “The Prince of Darkness”. A pesar del anuncio, un álbum como ese, e incluso otro posterior destacado y conocido como “In a Silent Way”, aún no dibuja al personaje sumergido que sería en el emblemático “Bitches Brew”.
En este innovador pero oscuro material, la música – como lo describe su biógrafo IAN CARR “parece estar relacionada a ciertos elementos étnicos, hay un fuerte sentido de invocación, de búsqueda del estado de posesión, lo que está muy conectado con la sensación de concentración de las improvisaciones inspiradas” (1)
“El poder casi demoníaco de las improvisaciones del grupo” – agrega el biógrafo del trompetista – fueron generadas por algunos acontecimientos que tuvieron lugar en el estudio”. El productor del disco “Bitches Brew” fue Teo Macero con quien Davis intercambio palabras de grueso calibre a razón de la presencia de una secretaria en el estudio de grabación a quien Miles no soportaba y había pedido que fuera despedida, pero Macero se rehusó y por ello muy furiosos intercambiaron varios puñetazos y se continuaron insultando durante toda la sesión.
Miles era un poseso y había sufrido como esclavo el rigor de la adicción a drogas y alcohol. Con una nueva sustancia, el artista pensaba que iba a estar mejor, sin reparar en que cada vez los contenidos eran mas fuertes.
El extraño caso ‘Tzadic’
No será nada nuevo decir acerca de cómo Miles Davis haría un quiebre sistémico en la música popular contemporánea con el desbordante “Bitches Brew” y en adelante con álbumes enigmáticos e inquietantes como “Live-Evil”, “Dark Magus” y “Pangaea”, sólo que todos ellos están envueltos en ese halo misterioso, ensombrecido, que inicia en las carátulas y se extiende por enrarecidas tesituras. Nada sorprendente pues, al fin y al cabo estos últimos se dieron luego de su encierro en su lujoso apartamento, casi paralítico a causa de la esclerosis y consumido en los excesos.
En años recientes el influjo de Miles Davis sigue vigente. No hay ningún músico de jazz contemporáneo que pueda negar esa influencia poderosa, directa o no y es que los alcances de la obra de Miles incluso llega las atmósferas del ‘chill out’, el ‘drum n’ bass’ y aquello que parece contener un nuevo sentido de la composición y la interpretación denominado ‘Nu Jazz’, que para muchos simplemente es un atajo de la industria para llegar a los bolsillos de los aficionados.
Con John Zorn se habla del sonido ‘punk jazz’ y también con Marc Ribbot, una atractiva combinación de los elementos del jazz eléctrico de avanzada y el rock duro y psicodélico con visos del más recalcitrante punk de los ochenta y noventa y que en el caso de los mencionados músicos, se explaya en una compulsiva mezcla atómica que encanta especialmente a los más jóvenes que en algunos casos crecieron más cercanos de los ‘Sex Pistols’ y su “Never Mind…” que del “Kind of Blue” y nuestro querido Miles.
Si bien Miles exploró en secretas regiones de una oscura geografía, John Zorn es una especie de nuevo profeta de la opacidad que incluso se atreve con poesía de tono hermético y recurrencia a la iconografía propia de la tradición judía para ambientar su sello disquero ‘Tzadic’ (del hebreo ‘riguroso’ o ‘justo’) desde donde orquesta esas publicaciones propias, mas las atmósferas extremas de jazzistas independientes que nadie mas prensaría.
Zorn procede en un ámbito de tono fatalista y ha llamado a uno de sus álbumes “Masada” que alude a la secta judía que se suicidó masivamente en su refugio al lado del Mar Muerto (desde donde se oteaba la antigua Jerusalem) en tiempos del desterrado rey Herodes. La macabra alusión y otras similares recorren una obra también aturdidora.
“Lunatic Fringe” (“Franja Lunática”) y “Oracles” (“Oráculos”) son links en su página que conducen a las producciones discográficas de otros artistas con nombres como Ken Butler y su álbum “Voices of Anxious Objects” (“Las voces de Objetos Ansiosos”) que contiene temas como “Mechanical Magnetism” (“Magnetismo Mecánico”) o “Serving a Sigh – t” (con doble sentido de “Sirviendo un suspiro”o “Sirviendo una mirada”) que como se vea son confusos contenidos propios de una vanguardia aleatoria y marginal.
Sin dudar de la calidad musical del multi instrumentista John Zorn, su ‘merchandise’ y su postura penetra en regiones multisensoriales y no son del todo claras sus propuestas discursiva e iconografía, tanto que logra confundir a los más entusiastas con esa serie de discos denominados “Book of Angels” en donde el canto es el de los ángeles desterrados (entre ellos “Asmodeus” y “Lucifer”), sin olvidar su tenebroso “Maleficia” (incluido en el álbum “The Crucible”) o el abominable “Necronomicon” (palabra innombrable, pagana y prohibida) .
En adelante lo que sigue, tiene que ver con la entrada de Chick Corea y su relación (aunque lejana) con la tenebrosamente mítica ‘Golden Dawn’ y su adscripción (esta sí cercana) con la denominada ‘cienciología’.
(1) CARR, Ian “Miles Davis. La Biografía definitiva” Barcelona, 2005 Global Rhythm
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